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Bienvenidos a mi humilde morada, solo desearles una buena estancia aquí,
Y ya que se molestan en entrar, firmen, y opinen.
Este es un lugar de expresión, donde se deja huella de lo que se siente y de lo que se piensa, si a alguno de ustedes no les gusta, nadie les obliga a seguir viendo este mi humilde blog.



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domingo, 15 de marzo de 2009

EL LADRÓN...DE MIS SUEÑOS MALDITOS

Cuando tocaron las seis y media en la iglesia ya habían llegado los últimos familiares y también algún amigo del pequeño Marc. Las caras de perplejidad y los semblantes de dolor se amilanaban ante el desgarrador llanto de su madre, que preguntaba a Dios cómo se podía haber llevado a su hijo en los cinco minutos que tardó en calentar un vaso de leche caliente que le llevaría a la cama, como todas las noches. Lo encontró aún tibio por las mantas que lo cubrían hasta poco más de la cintura, pero su semblante fue un rayo que horrorizó a su madre, era imposible que se hubiera dislocado los dos hombros él solo, y ni siquiera se le oyó gritar en el silencio de la noche. ¿Cómo podía estar con los dos brazos desgarrados y ni siquiera haber cambiado de postura? Era muy pronto para hacerse todas esas preguntas, pero eran dudas que flotaban en el funeral como macabras invitadas. Tan sólo los ojos abiertos del cadáver se habían visto sorprendidos por una mueca de extrañeza y de dolor., mirando al techo y humedecidos aún por lágrimas mudas. Ni la madre se había dado cuenta de que la mandíbula de su hijo, inflamándose como por latidos, estaba fracturada en tres trozos.

Pero el informe oficial del forense fue un relato desgarrador e inquietante: Fracturas de ambas clavículas y mandíbula y graves daños cervicales, contusiones que llegaron a afectar al cerebro, pero nadie se explicaba que ninguna de estas lesiones fue la que le provocó la muerte. Las semanas siguientes fueron muy duras para los padres de Marc, por el dolor de un hijo perdido y por interrogatorios y pruebas interminables que dictaminasen las causas de la muerte de un niño de 11 años feliz, sano aunque quizá un poco más bajo que los niños de su edad, de pelo castaño rizado y con una vitalidad que traía desquiciados a los profesores menos experimentados de su colegio.
Hubo un juicio para su madre, salió sin cargos pero ofendida en su bondad y en el alma, por un mundo injusto que intentó pudrirla entre rejas... por arropar a su hijo y dejarlo solo cinco minutos. Después de los juicios el matrimonio volvió a su casa, fueron bienvenidos en sus antiguos trabajos y, en cierto modo, aceptados para retomar un rumbo que se les había desorientado amargamente tiempo atrás. Dos años después, tuvieron una hija a la que llamaron María, la cual les devolvió una felicidad que añoraban y que nunca a partir de entonces les abandonaría.
- Ponle un poco de miel, mamá.La miel siempre le dejaba un buen sabor de boca para dormir, hasta podía decir que descansaba mejor. Marc se quedó mirando la bata de noche de su madre mientras ésta salía de la habitación con semblante sonriente, tranquilo. Se acomodó entre las mantas y cerró los ojos para relajarse, para pensar, siempre se relajaba mientras oía de fondo los sonidos y tintineos de la cocina. La leche estaría casi lista. Una brisa de aire fétido y un rumor gutural le hicieron abrir los ojos como platos, la luz del pasillo que entraba por la puerta le permitió enfocar al techo: Un hombre rugoso, con dos brazos y dos piernas ¿o todo eran brazos?, pero rugoso. No era un hombre. El monstruo parecía una mezcla entre homínido y araña y estaba encaramado al techo, pero articuló el cuello ciento ochenta grados y en una postura extraña y repulsiva fijó sus grandes ojos en los de Marc. Los sueños y la vida, se separan. Despídete de tu cuerpo. Intentó en balde conseguir apartar sus pupilas de aquel hombre, o lo que demonios quisiera ser, pero vio cómo, con una extraña mueca en su rostro, se descolgó de las extremidades delanteras y quedó como un murciélago infernal sobre su cama. Súbitamente y en un gesto brutal pero preciso rodeó los brazos de Marc con unos dedos finísimos y, desplegando unas alas negras inadvertidas hasta entonces, dio un violento estirón hacia sí. Envuelto en una espiral de dolor, intentaba revolverse y luchó, quiso morder, pataleaba entre sollozos casi inaudibles y en su forcejeo consiguió asestar un golpe en el abdomen abultado de aquel ser; consiguió volver su tronco para tratar de volver al suelo y lo que vio le conmocionó como un latigazo que le atravesara la espalda, se vio a sí mismo acostado en la cama, boca arriba, arropado por la cintura como le había dejado su madre. Ya era tarde. Y era el momento de aquella bestia. Le agarró con las dos manazas la cabeza y le asestó varios golpes sordos en ambos lados de la cara, agitándola violentamente como si de la de un pelele de trapo se tratara. Marc, desde el techo de su habitación, trató de mirar hacia la puerta para llamar a su madre... Perdió el sentido.

El Ladrón de sueños, el Coco, el Asusta chicos o como quisiera llamarse aquel ser devoraba ávidamente los sueños de Marc mientras este, resignado y sin sentir ya dolor alguno, apoyó la cabeza en el suelo embarrado de aquel repugnante pasadizo subterráneo. Varios metros más arriba, en la superficie, el barrio era despertado por los gritos de histeria de su madre, y el sonido de las sirenas se iba acercando.
- En verdad hay monstruos debajo de la cama... - Con lágrimas en sus mejillas, Marc cerró los ojos.

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lunes, 9 de marzo de 2009

El Cementerio

Cementerio silencioso
Con tus muertos tan callados
Pasa el viento tembloroso
Rugiendo por tus tejados,
Deja flotando en las fosas
Un estrepitoso llanto
Y se adormecen las rosas
Que adornan el camposanto.
Inscripciones se atormentan
Junto a los lirios morados
Noches oscuras inquietan
A los cipreses dorados.
Alerta están las esquinas
Y los muertos vigilados
Las afiladas espinas
Clavadas por todos lados.
A todos abres tus puertas,
Los abrazas con tus brazos
Noches y noches desiertas
Adoran tus negros lazos.
Allí vive la luciérnaga
Constantemente brillando
A todas las fosas llega
Con la muerte conversando.
Cementerio siempre en calma
Eres triste y silenciado,
Llevarás dentro del alma
Soledad siempre posando.
Trozos de tierra sagrada
Con suspiros hechos gajos
De acariciada mirada
De pozos y de altibajos.
Las estrellas están fijas
En tu corral sonrosado
Como si fueran las hijas
Del solar triste y cuadrado.


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domingo, 8 de marzo de 2009

Epitafio

Como te ves yo me he visto
como me ves te verás
Disfruta lo que puedas
que aquí vendrás a parar